Lyo y la gota solitaria

 

Lyo quiere compartir una parte de su historia.

 

Hola, ¿qué tal?, soy Lyo.

 

Aunque soy todavía joven, ya me han pasado muchas cosas, algunas buenas y otras no tan buenas. Pero la que os voy a contar ha sido la mejor de todas.

 

Me separaron de mi mamá cuando era muy pequeño y fui a vivir con unas personas que no me cuidaban bien. La verdad es que no recuerdo lo que me pasó con ellas. Será que era demasiado pequeño, o que, como no me gustaba, he preferido olvidarlo.

 

Por suerte, no estuve mucho tiempo en esa casa. Un día, alguien me llevó a un refugio, que es un sitio donde recogen y cuidan a los animales hasta que les encuentran una  casa en la que les traten bien, para quedarse a vivir.

 

Ese sitio parecía muy agradable. Allí todos me hacían caricias y decían:

        ─Pobrecito, está muy flaco. Y fíjate cómo tiene el pelo, todo lleno de nudos.

        ─Pero, qué guapo es.

        ─Se asusta mucho, a lo mejor le han pegado alguna vez.

 

Cómo no me iba a asustar, si no sabía lo que iban a hacer conmigo. Me estaban tratando bien, pero las cosas podían cambiar.

 

Una noche, mientras estaba acurrucado en un rinconcito, como solía hacer de vez en cuando, vi caer una gotita de agua y se convirtió en un espejo. Eso sí que me asustó. Me miré fijamente y me pareció que estaba un poco cambiado. La última vez que me vi en el espejo, era igual de negro y con el pelo muy parecido, pero no iba tan bien peinado y estaba más flacucho.

 

Pensé que me estaban cuidando muy bien porque parecía que en esos días había engordado unos kilitos.

 

Como si me estuviera leyendo el pensamiento, el cocker negro que tenía enfrente empezó a hablar:

        ─¡Hola, chaval! No, no soy un espejo, ni un fantasma, ni estás soñando. Me llamo Coco y soy una gota solitaria ─y siguió, casi sin respirar─ ¿Qué pasa, no dices nada? Espero que no te haya comido la lengua el gato, porque con la de mininos que hay en el refugio, como para saber cuál ha sido. Ja, ja, ja, es broma.

 

Lo cierto es que yo no había estado con los gatos, ni me había quedado mudo, pero estaba tan alucinado que no sabía qué decir. Hice un esfuerzo y respondí:

        ─Hola, soy Lyo, ¿qué es una gota solitaria?

 

Y hasta aquí nos cuenta. Si os parece interesante y queréis saber qué le ocurrió, su libro está a la venta pinchando aquí: Mi libro

¡Ah!  Y podéis contarnos qué os ha parecido dejando un comentario en la pestaña ¿Algo que contarme?

 

 

 

 

 

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  © 2016 Por Rosario López