Homenaje a Yessi

Pues sí, aquí estoy yo también. Estos guruminitos me pueden. Por cierto, soy Chari, claro.


Cuando les sugerí contar sus historias creando un blog en la página, no estaban muy dispuestos. Alguno por pereza, otro por vergüenza, otro porque pensaba que era difícil resumir sus experiencias en un cuento…, en fin, excusas varias.


Conseguí convencerles cuando les dije que yo las escribiría con lo que ellos me fueran contando. Todavía faltan unas cuantas historias por escribir, que son las de los que no tienen claro qué experiencia o momento de su vida contar para darse a conocer. Mientras tanto, los que ya han publicado en el blog no dejan de insistir para que yo escriba también algo sobre mí. Ya les he dicho que en la página está mi presentación, pero ellos consideran que eso es sólo una excusa; como dice el refrán: “donde las dan, las toman”.


El caso es que, al final, me ha parecido buena idea y he decidido hacerlo hoy, ya que es un día muy especial para mí.


El 26 de abril de 2013 conocí a Yessi. Me parece mentira que hayan pasado ya 8 años. Volvía del trabajo; iba con mi marido en el coche y nos encontramos una hilera de coches parados en el carril contrario, esperando que un perrito se moviera para poder pasar. Yo estaba bastante sensible. Seis días antes, el 20 de abril, había hecho un año de la muerte de Brutus, nuestro primer compañero perruno. Sus últimos días fueron difíciles. Debido a una afección cerebral no conseguía ubicarse y lloraba, con la mirada perdida, girando sobre sí mismo.


Cuando vi a Yessi en medio de la carretera, con esa misma actitud, me lancé a cogerla. Sí, literalmente; Miguel me tuvo que sujetar y me dijo que esperara a que parase el coche. Al volver al coche, ella no paraba de temblar en mis brazos y yo no dejaba de llorar.


Yessi llevaba chip y por eso pude saber su nombre y su edad, 8 años. La veterinaria me dijo que estaba sana, pero era ciega y de ahí su desorientación. Fue un alivio. La policía local me informó de que la persona que figuraba como responsable de ella había vuelto a su país. Contacté con la APAP-ALCALÁ y decidí tener a Yessi en acogida hasta que estuviera esterilizada para poder darla en adopción. Más que nada, porque en casa vivía Shakur, otro perrete de dos años y, como yo trabajaba lejos, pasaba fuera de casa 12 horas al día.


Como era de esperar, Yessi se adueñó de nuestros corazones desde el primer momento y, cuando estuvo lista para ser adoptada, Miguel, Shakur y yo nos dimos cuenta de que hacía ya tiempo que ella nos había adoptado a nosotros. Y así fue como Yessi pasó a ser, de forma oficial, miembro de nuestra familia.


Se había amoldado enseguida a nuestro ritmo de vida y se movía con soltura por toda la casa, sin chocarse con nada. Salvo cuando escuchaba las palabras: premio, calle o comida. Le entraba tal nerviosismo, que se llevaba por delante cualquier cosa que se cruzase en su camino.


Podría contar muchas anécdotas de Yessi, al igual que de Shakur y de Brutus. Es posible que lo haga en próximas publicaciones del blog. Hoy sólo quiero agradecerle toda la felicidad que aportó a mi vida mientras nos acompañó y la que me sigue aportando su recuerdo desde que nos dejó, hace ya dos años.


Al principio, yo decía que me había encontrado a Yessi; y suelo decirlo así porque es lo que parece normal, o lógico, o lo que se espera que digas. Aunque, con el tiempo, empecé a tener la sensación de que fue ella quien me encontró o me buscó a mí. Y de esa sensación vino la inspiración para el cuento de Lyo.


Por eso, como homenaje a ella, y con permiso de Lyo, voy a compartir un nuevo formato del cuento.


Espero que disfrutéis leyéndolo.

Lyo y la gota solitaria
.pdf
PDF • 1.67MB




















  © 2016 Por Rosario López