Será un placer que me encuentres


Todos recordamos momentos especiales de nuestra infancia, tanto buenos como malos. De cuando éramos bebés, es más difícil recordar las cosas con detalle. Pero eso no quiere decir que hayamos olvidado esa etapa o que no nos afecte lo vivido entonces.


Por cierto, no me he presentado. Me llamo Ciro José, pero me llaman Ciro, que me gusta mucho o Pepito, que me encanta, y soy un gato.


De mí suelen decir que soy miedoso, reservado, tímido, prudente… Y es normal que piensen eso porque, cuando vienen visitas a casa, me encanta esconderme en cualquier rincón poco accesible.


Sé cómo me convertí en miembro de mi familia porque he oído contar esa historia más de una vez.


Pepe me encontró una mañana, escondido junto al motor de su coche, por suerte, antes de ponerlo en marcha. Me cogió con mucho cuidado y le gritó a Rosi, su mujer, que estaba asomada a la terraza despidiéndose de él:


─ ¿Qué hago con esto?


─ ¡Tíralo a la papelera! ─respondió ella.


Vale, vale, no os alteréis. Yo también me sobresalté al oír esta parte la primera vez, y no quise seguir escuchando. Pero después, me arrepentí porque, aunque conozco el dicho “la curiosidad mató al gato”, no puedo evitar ser curioso y me moría por saber cómo me libré de la papelera. Además, pensé que si no recordaba detalles de cuando era un bebé, podía ser porque me había traumatizado el día que me encontraron. Total, que me propuse escuchar hasta el final la próxima vez que contaran la historia y cuando lo hice, me quedé más tranquilo.


Al oír lo que le dijo Rosi, Pepe me alzó un poco más para que ella pudiera distinguir lo que tenía en la mano, porque su casa está en un tercer piso, y dijo:


─ ¡Pero mira!


Cuando Rosi se dio cuenta de que yo no era un trapo, le pidió que subiera enseguida y entre los dos, decidieron llamar a su hija Isabel que entendía más del tema porque tenía hijos gatunos. Lo que vino después es fácil de adivinar. Visita al veterinario, que les confirmó que estaba bien y sólo necesitaba los cuidados normales de un bebé, y me vine con Isabel y Sonia a su casa, donde vivo feliz con ellas y mis dos hermanas gatunas Sara y Fraguel.


Volviendo al tema de los traumas y de cómo nos afectan algunas cosas cuando somos bebés; después de oír unas cuantas veces la historia de mi rescate, comprendí por qué me escondo de las visitas. Al principio os he dicho que me encanta esconderme, pero lo que realmente me gusta es que me encuentren. ¿Por qué? Pues sencillamente porque, aunque los detalles del momento en que Pepe me encontró escondido en su coche me los han tenido que contar, la sensación de recibir cariño y protección se quedó grabada en mi memoria y se repite con la misma intensidad que aquel día, cada vez que alguien descubre mi escondite.


Y seguro que ahora entenderéis mejor por qué me encanta que me llamen Pepito. Ese fue el nombre que Pepe sugirió para mí, pero mis mamás decidieron que tenían que ponerme un nombre un poco más formal y ya llegarían los diminutivos. De ahí el nombre compuesto, Ciro les gustaba a mis mamás y José es el nombre formal de Pepe. Así es que estoy orgulloso de mi nombre, pero me pongo tierno cuando Pepe me llama Pepito; después de todo, él es ahora mi abuelo y siempre será el héroe que me salvó.

Será un placer que me encuentres
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  © 2016 Por Rosario López